El Flagelado
Esta es la historia de un monje. No se trata precisamente de una historia de terror, aunque analizando de cerca a los acontecimientos y a los personajes, podría fácilmente incluirse en el género.
Este monje se llama Silas. La mayoría de los monjes, en nuestros tiempos, se unen a alguna orden a partir de un llamado que escuchan y que vuelven su vocación. Este no es el caso de Silas. Silas era un jóven común y corriente que disfrutaba de las fiestas, los amigos, el alcohol, la nicotina (y algún otro ingrediente mágico), y por supuesto, de las mujeres. Fue este último elemento el que le mostró a Silas el camino a la religión y lo volcó devotamente hacia el dulce dolor de la auto-punición.
Pero antes de llegar a este punto, es necesario contar la historia de la relación de Silas y “Ana”. En una de esas fiestas salvajes a las que Silas solía acudir, conoció a una chica igualmente salvaje: “Ana”. “Ana” y Silas se enamoraron locamente y comenzaron una relación apasionada. Sin embargo, el apasionamiento de “Ana” fue precisamente lo que le dio fin al amorío, pues rápidamente se tornó hacia otro hombre. La traición de “Ana” dejó a Silas completamente destrozado. Posterior a este doloroso acontecimiento, “Ana” intentó reiteradamente encontrar de nuevo el camino al corazón de Silas. Pero éste, ya consciente de la mala naturaleza de esta mujer y su gran poder de seducción, decidió tomar los hábitos y refugiarse en algún monasterio lejano.
Buscando una forma de expiar sus culpas y olvidarse de aquella que rompió su corazón, Silas tomó la costumbre de flagelarse, misma que ha mantenido hasta tiempos actuales. El dolor del látigo contra la piel de su espalda lo mantiene lejos de la tentación, le recuerda lo poco que valen los placeres terrenales. Cada día que pasa lejos de caer en las redes seductivas de “Ana”, es una batalla ganada para Silas. Por eso cada día que transcurre, él besa el amuleto que lleva alrededor del cuello para recordar las cicatrices que cubren su cuerpo, producto de ese castigo que Silas ha vuelto un arte, el arte de la flagelación.
La siguiente imagen fue tomada en uno de los momentos más íntimos de este proceso de flagelación y para los menores de edad puede resultar sumamente perturbadora, por eso se recomienda discreción por parte de los adultos.

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