Thursday, January 26, 2006

Historia de medianoche

El timbre del teléfono suena incesantemente interrumpiendo su sueño. Con la vista borrosa apenas puede distinguir lo que el reloj le indica. ¿Qué hora es? Las dos de la mañana. El teléfono no deja de sonar.

¿Quién puede estar llamando a esta hora? Sobresaltado, llega a la conclusión de que podría tratarse de una emergencia. Algún familiar se ha accidentado, algún amigo se encuentra en problemas.

Sin pensarlo dos veces, recoge el auricular y dirige su voz ronca, producto del par de horas que lleva dormido. "¿Aló?" Esta pregunta no recibe respuesta, así que lo intenta una vez más. "¿Bueno? ¿Quién habla?" Y entonces escucha su voz. Esa voz entrecortada. "Juan, soy yo estoy afuera de tu casa... ábreme." Su piel se eriza como si la temperatura hubiera bajado 10° C de un solo golpe. Conmocionado, cuelga rápidamente y se queda mirando el teléfono como si aquél acabase de anunciarle su muerte. Ha pasado sólo un minuto cuando el teléfono comienza a timbrar nuevamente.

No puede ser, no puede ser. Se lo repite una y otra vez sin saber si contestar aquella llamada. Se arma de valor y descuelga para escuchar. Esta vez la voz comienza a hablar sin esperar a que él diga algo. "Juan, por favor... por favor. Estoy tan cerca, por favor." No, no piensa abrir la puerta. Sin reflexionarlo más, desconecta el teléfono y se anida debajo de las cobijas dispuesto a dejar todo el asunto atrás y recuperar sus horas de sueño.

Es cuestión de minutos que comienza a escuchar el timbre otra vez. ¡No! No, no puede ser. Alarmado, voltea hacia el teléfono. Pero... está desconectado ¿Cómo puede ser? Es hasta ese momento que cae en la cuenta de que el timbre es distinto y de que proviene de algún lugar dentro del abrigo que dejó sobre el respaldo del sillón al llegar a casa la noche anterior. Con temor se acerca hasta ahí y sustrae el celular del bolsillo de su abrigo "Debí contratar el plan telefónico que bloquea las llamadas durante la madrugada" - se dice a sí mismo.

Entonces un sentimiento de furia lo invade como una oleada. "¡No te voy a abrir!" - comienza a gritar dirigiéndose a quien se encuentra del otro lado de la línea - "No pienso abrirte la puerta así que ¡déjame en paz!" Antes de que él pueda decir algo más o cortar la llamada la voz comienza a hablar nuevamente "Juan, estoy tan cerca. Estoy cerca de ti. Vengo sólo por ti" Y es en es momento que Juan nota un movimiento en la periferia. Una especie de sombra. Cayendo casi en pánico, gira la cabeza hacia el marco de la puerta de su habitación. Enseguida reconoce la cabellera. Esa cabellera larga y esponjada. Ahí está... ¡Oh por Dios! Ahí está... ahí está... Un grito descorazonado escapa de su boca...

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